BLOG EN LÍNEA RECTA
"Nunca conheci quem tivesse levado porrada. Todos os meus conhecidos têm sido campeões em tudo." Alvaro de Campos
domingo, 26 de mayo de 2013
jueves, 16 de mayo de 2013
Sonrían
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Jimi Hendrix,
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lunes, 22 de abril de 2013
Taller de poesía, charla y lectura de poemas en San Luis Potosí
Este viernes 26 y sábado 27 de abril estaré impartiendo una versión mini del Taller de Alquimia Poética. La cita es a las 17:30 hrs. el viernes y a las 10:30 el sábado, Aula 8 del Área de Integración y Literatura del Centro de las Artes de San Luis Potosí. También el viernes 26, a las 19:30 hrs. realizaré una charla y lectura de mis poemas. Me dará gusto verlos por ahí.
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Taller de poesía
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viernes, 5 de abril de 2013
Dos videos del homenaje a Rubén Bonifaz Nuño
Dos videos del homenaje a Rubén Bonifaz Nuño, 4 de abril del 2013, Sala Nezahualcóyotl
Lectura de poemas de Rubén Bonifaz Nuño a cargo de Eduardo Lizalde
Lectura de poemas de Rubén Bonifaz Nuño a cargo de Vicente Quirarte
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martes, 2 de abril de 2013
Lectura de poemas
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Libros y café: una serie
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jueves, 7 de marzo de 2013
Do Desejo (1992), poemas de Hilda Hilst (1930-2004)
Quem
és? Perguntei ao desejo.
Respondeu:
lava. Depois pó. Depois nada.
¿Quien es? pregunté al Deseo.
Respondió: Lava.
Después polvo. Después nada.
I
Porque há desejo
em mim, é tudo cintilância.
Antes, o
cotidiano era um pensar alturas
Buscando Aquele
Outro decantado
Surdo à minha
humana ladradura.
Visgo e suor, pois
nunca se faziam.
Hoje, de carne e
osso, laborioso, lascivo
Tomas-me o
corpo. E que descanso me dás
Depois das
lidas. Sonhei penhascos
Quando havia o
jardim aqui ao lado.
Pensei subidas
onde não havia rastros.
Extasiada, fodo
contigo
Ao invés de
ganir diante do Nada.
I
Porque
hay deseo en mí, es todo resplandor.
Antes,
lo cotidiano era un pensar alturas
buscando
Aquel Otro decantado
sordo
a mi humano latido.
Cebo
y sudor, porque no lo hacían.
Hoy,
de carne y hueso, laborioso y lascivo
tomas
mi cuerpo. Y que descanso me das
tras la faena. Soñé peñascos
cuando
había un jardín aquí junto.
Pensé
ascensos donde no había rastros.
Extasiada,
cojo contigo
en
vez de aullar frente a la nada.
II
Ver-te.
Tocar-te. Que fulgor de máscaras.
Que desenhos e
rictus na tua cara
Como os frisos
veementes dos tapetes antigos.
Que sombrio te
tornas se repito
O sinuoso
caminho que persigo: um desejo
Sem dono, um
adorar-te vívido mas livre.
E que escura me
faço se abocanhas de mim
Palavras e
resíduos. Me vêm fomes
Agonias de
grandes espessuras, embaçadas luas
Facas,
tempestade. Ver-te. Tocar-te.
Cordura.
Crueldade.
II
Verte,
tocarte. Qué fulgor de máscaras.
Que
gestos y rictus en tu cara
como
los frisos vehementes de los tapetes
antiguos.
Que
sombrío te vuelves si repito
el
sinuoso camino que persigo: un deseo
sin
dueño, un adorarte vívido pero libre.
Y
que oscura me vuelvo si ultrajas de mí
palabras
y residuos. Me vienen hambres
agonías
de grandes espesuras, lunas petrificadas
dagas,
tempestad. Verte. Tocarte.
Cordura.
Crueldad.
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Poesía brasileña,
TRADUCCIÓN
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viernes, 22 de febrero de 2013
Un abrazo de cumpleaños
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Janis Joplin
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jueves, 21 de febrero de 2013
El mercado de San Juan: crónica en tres imágenes
Embutidos finos El porvenir, Ernesto Pugibet # 21 Local 2 Colonia: Centro C.P. 06070 Delegación: Cuauhtemoc. México D., F
La de jamón serrano
Café Triana, el mejor ristretto del barrio
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Mercado de San Juan
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jueves, 14 de febrero de 2013
Pero el amor, esa palabra...
Rayuela / capítulo 6 / Julio Cortázar
La técnica consistía en citarse
vagamente en un barrio a cierta hora. Les gustaba desafiar el peligro de no
encontrarse, de pasar el día solos, enfurruñados en un café o en un banco de
plaza, leyendo-un-libro-más. La teoría del libro-más era de Oliveira, y la Maga
la había aceptado por pura ósmosis. En realidad para ella casi todos los libros
eran libro-menos, hubiese querido llenarse de una inmensa sed y durante un
tiempo infinito (calculable entre tres y cinco años) leer la ópera omnia de
Goethe, Homero, Dylan Thomas, Mauriac, Faulkner, Baudelaire, Roberto Arlt, San
Agustín y otros autores cuyos nombres la sobresaltaban en las conversaciones
del Club. A eso Oliveira respondía con un desdeñoso encogerse de hombros, y
hablaba de las deformaciones rioplatenses, de una raza de lectores a fulltime,
de bibliotecas pululantes de marisabidillas infieles al sol y al amor, de casas
donde el olor a la tinta de imprenta acaba con la alegría del ajo. En esos
tiempos leía poco, ocupadísimo en mirar los árboles, los piolines que
encontraba por el suelo, las amarillas películas de la Cinemateca y las mujeres
del barrio latino. Sus vagas tendencias intelectuales se resolvían en meditaciones
sin provecho y cuando la Maga le pedía ayuda, una fecha o una explicación, las
proporcionaba sin ganas, como algo inútil. Pero es que vos ya lo sabés, decía
la Maga, resentida. Entonces él se tomaba el trabajo de señalarle la diferencia
entre conocer y saber, y le proponía ejercicios de indagación individual que la
Maga no cumplía y que la desesperaban.
De acuerdo en que en ese terreno no lo
estarían nunca, se citaban por ahí y casi siempre se encontraban. Los
encuentros eran a veces tan increíbles que Oliveira se planteaba una vez más el
problema de las probabilidades y le daba vuelta por todos lados,
desconfiadamente. No podía ser que la Maga decidiera doblar en esa esquina de
la rue de Vaugirard exactamente en el momento en que él, cinco cuadras más
abajo, renunciaba a subir por la rue de Buci y se orientaba hacia la rue
Monsieur le Prince sin razón alguna, dejándose llevar hasta distinguirla de
golpe, parada delante de una vidriera, absorta en la contemplación de un mono
embalsamado. Sentados en un café reconstruían minuciosamente los itinerarios,
los bruscos cambios, procurando explicarlos telepáticamente, fracasando
siempre, y sin embargo se habían encontrado en pleno laberinto de calles, casi
siempre acababan por encontrarse y se reían como locos, seguros de un poder que
los enriquecía. A Oliveira lo fascinaban las sinrazones de la Maga, su
tranquilo desprecio por los cálculos más elementales. Lo que para él había sido
análisis de probabilidades, elección o simplemente confianza en la rabdomancia
ambulatoria, se volvía para ella simple fatalidad. «¿Y si no me hubieras
encontrado?», le preguntaba. «No sé, ya ves que estás aquí...»
Inexplicablemente la respuesta invalidaba la pregunta, mostraba sus adocenados
resortes lógicos. Después de eso Oliveira se sentía más capaz de luchar contra
sus prejuicios bibliotecarios, y paradójicamente la Maga se rebelaba contra su
desprecio hacia los conocimientos escolares. Así andaban, Punch and Judy,
atrayéndose y rechazándose como hace falta si no se quiere que el amor termine en
cromo o en romanza sin palabras. Pero el amor, esa palabra...
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Rayuela
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