lunes, 22 de abril de 2013

Taller de poesía, charla y lectura de poemas en San Luis Potosí


Este viernes 26 y sábado 27 de abril estaré impartiendo una versión mini del Taller de Alquimia Poética. La cita es a las 17:30 hrs. el viernes y a las 10:30 el sábado, Aula 8 del Área de Integración y Literatura del Centro de las Artes de San Luis Potosí. También el viernes 26, a las 19:30 hrs. realizaré una charla y lectura de mis poemas. Me dará gusto verlos por ahí.  


viernes, 5 de abril de 2013

Dos videos del homenaje a Rubén Bonifaz Nuño

Dos videos del homenaje a Rubén Bonifaz Nuño, 4 de abril del 2013, Sala Nezahualcóyotl

Lectura de poemas de Rubén Bonifaz Nuño a cargo de Eduardo Lizalde
   
 Lectura de poemas de Rubén Bonifaz Nuño a cargo de Vicente Quirarte

jueves, 7 de marzo de 2013

Do Desejo (1992), poemas de Hilda Hilst (1930-2004)


Quem és? Perguntei ao desejo.
Respondeu: lava. Depois pó. Depois nada.

¿Quien es? pregunté al Deseo.
Respondió: Lava. Después polvo. Después nada.

I

Porque há desejo em mim, é tudo cintilância.
Antes, o cotidiano era um pensar alturas
Buscando Aquele Outro decantado
Surdo à minha humana ladradura.
Visgo e suor, pois nunca se faziam.
Hoje, de carne e osso, laborioso, lascivo
Tomas-me o corpo. E que descanso me dás
Depois das lidas. Sonhei penhascos
Quando havia o jardim aqui ao lado.
Pensei subidas onde não havia rastros.
Extasiada, fodo contigo
Ao invés de ganir diante do Nada.       

I

Porque hay deseo en mí, es todo resplandor.
Antes, lo cotidiano era un pensar alturas
buscando Aquel Otro decantado
sordo a mi humano latido.
Cebo y sudor, porque no lo hacían.
Hoy, de carne y hueso, laborioso y lascivo
tomas mi cuerpo. Y que descanso me das
tras la faena. Soñé peñascos
cuando había un jardín aquí junto.
Pensé ascensos donde no había rastros.
Extasiada, cojo contigo
en vez de aullar frente a la nada.

II

Ver-te. Tocar-te. Que fulgor de máscaras.
Que desenhos e rictus na tua cara
Como os frisos veementes dos tapetes antigos.
Que sombrio te tornas se repito
O sinuoso caminho que persigo: um desejo
Sem dono, um adorar-te vívido mas livre.
E que escura me faço se abocanhas de mim
Palavras e resíduos. Me vêm fomes
Agonias de grandes espessuras, embaçadas luas
Facas, tempestade. Ver-te. Tocar-te.
Cordura.
Crueldade.

II

Verte, tocarte. Qué fulgor de máscaras.
Que gestos y rictus en tu cara
como los frisos  vehementes de los tapetes antiguos.
Que sombrío te vuelves si repito
el sinuoso camino que persigo: un deseo
sin dueño, un adorarte vívido pero libre.
Y que oscura me vuelvo si ultrajas de mí
palabras y residuos. Me vienen hambres
agonías de grandes espesuras, lunas petrificadas
dagas, tempestad. Verte. Tocarte.
Cordura.
Crueldad.
     
  

Traducción de Mijail Lamas

jueves, 21 de febrero de 2013

El mercado de San Juan: crónica en tres imágenes


Embutidos finos El porvenir, Ernesto Pugibet # 21 Local 2 Colonia: Centro C.P. 06070 Delegación: Cuauhtemoc. México D., F


La de jamón serrano


Café Triana, el mejor ristretto del barrio

jueves, 14 de febrero de 2013

Pero el amor, esa palabra...



Rayuela / capítulo 6 / Julio Cortázar

La técnica consistía en citarse vagamente en un barrio a cierta hora. Les gustaba desafiar el peligro de no encontrarse, de pasar el día solos, enfurruñados en un café o en un banco de plaza, leyendo-un-libro-más. La teoría del libro-más era de Oliveira, y la Maga la había aceptado por pura ósmosis. En realidad para ella casi todos los libros eran libro-menos, hubiese querido llenarse de una inmensa sed y durante un tiempo infinito (calculable entre tres y cinco años) leer la ópera omnia de Goethe, Homero, Dylan Thomas, Mauriac, Faulkner, Baudelaire, Roberto Arlt, San Agustín y otros autores cuyos nombres la sobresaltaban en las conversaciones del Club. A eso Oliveira respondía con un desdeñoso encogerse de hombros, y hablaba de las deformaciones rioplatenses, de una raza de lectores a fulltime, de bibliotecas pululantes de marisabidillas infieles al sol y al amor, de casas donde el olor a la tinta de imprenta acaba con la alegría del ajo. En esos tiempos leía poco, ocupadísimo en mirar los árboles, los piolines que encontraba por el suelo, las amarillas películas de la Cinemateca y las mujeres del barrio latino. Sus vagas tendencias intelectuales se resolvían en meditaciones sin provecho y cuando la Maga le pedía ayuda, una fecha o una explicación, las proporcionaba sin ganas, como algo inútil. Pero es que vos ya lo sabés, decía la Maga, resentida. Entonces él se tomaba el trabajo de señalarle la diferencia entre conocer y saber, y le proponía ejercicios de indagación individual que la Maga no cumplía y que la desesperaban.

De acuerdo en que en ese terreno no lo estarían nunca, se citaban por ahí y casi siempre se encontraban. Los encuentros eran a veces tan increíbles que Oliveira se planteaba una vez más el problema de las probabilidades y le daba vuelta por todos lados, desconfiadamente. No podía ser que la Maga decidiera doblar en esa esquina de la rue de Vaugirard exactamente en el momento en que él, cinco cuadras más abajo, renunciaba a subir por la rue de Buci y se orientaba hacia la rue Monsieur le Prince sin razón alguna, dejándose llevar hasta distinguirla de golpe, parada delante de una vidriera, absorta en la contemplación de un mono embalsamado. Sentados en un café reconstruían minuciosamente los itinerarios, los bruscos cambios, procurando explicarlos telepáticamente, fracasando siempre, y sin embargo se habían encontrado en pleno laberinto de calles, casi siempre acababan por encontrarse y se reían como locos, seguros de un poder que los enriquecía. A Oliveira lo fascinaban las sinrazones de la Maga, su tranquilo desprecio por los cálculos más elementales. Lo que para él había sido análisis de probabilidades, elección o simplemente confianza en la rabdomancia ambulatoria, se volvía para ella simple fatalidad. «¿Y si no me hubieras encontrado?», le preguntaba. «No sé, ya ves que estás aquí...» Inexplicablemente la respuesta invalidaba la pregunta, mostraba sus adocenados resortes lógicos. Después de eso Oliveira se sentía más capaz de luchar contra sus prejuicios bibliotecarios, y paradójicamente la Maga se rebelaba contra su desprecio hacia los conocimientos escolares. Así andaban, Punch and Judy, atrayéndose y rechazándose como hace falta si no se quiere que el amor termine en cromo o en romanza sin palabras. Pero el amor, esa palabra...